#33 La soga de los muertos, ahora!

Bueno, ustedes no tienen por qué haberla esperado. La expectación por una novela es algo que no tienen por qué entender los demás. Así como tampoco todas las obsesiones que generan los libros. Todas, obsesiones prescindibles. Pero a nosotros no nos importa eso. Lo que nos importa, es cumplir con esas obsesiones. Así que acá va. El escritor chileno Antonio Diaz Oliva presentará este mes su primera novela, La soga de los muertos, que fue editada por Alfaguara y que ya está en las librerías. Y sí, fue una novela que esperamos, pero por sobre todo, es una novela que queríamos mostrar acá, en este blog. ¿De qué trata? De varias cosas. Pero como solo leí el borrador, hace un par de años, puedo decir que trata sobre Allen Ginsberg y Nicanor Parra y drogas. Pero tenemos mala memoria. Mejor que la contraportada nos diga:

1960. El poeta estadounidense Allen Ginsberg visita Chile. Recorre el sur del país, conoce a la bohemia nacional y, entre otras cosas, se pierde en medio de un bosque en busca de una experiencia sicodélica. 1994. Un grupo de soñadores inicia una insólita campaña para que Nicanor Parra gane el Premio Nobel de Literatura. Pintan murallas, reparten folletos en manifestaciones y se reúnen clandestinamente en un departamento de Santiago centro. Ese mismo año, el joven protagonista de esta novela inicia una bitácora en la que registra la extrañeza que le provoca el cambio diario de cuadros en el balcón de un departamento que ve en su camino al colegio, los problemas que le genera la llegada de los hermanos Tanenbaum a su escuela y las sospechosas desapariciones de su padre. Una cruzada literaria que sucumbe, un niño solitario en su camino a la adolescencia y un poeta beatnik a la caza del trip alucinógeno perfecto. En La soga de los muertos, la primera novela de Antonio Díaz Oliva, se entrelazan tres historias en un puzzle narrativo compuesto por perdedores idealistas.

 

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Una respuesta a “#33 La soga de los muertos, ahora!

  1. Cómo no iba a ir Allen Ginsberg a Chile. No más eso no le faltó a ese diablo santificado.
    Pues sí de hablar y escribir cantado, éste tuvo la lngua larga y garganta aguda pues cantó y cantó
    hasta el aullido más bello que se ha dejado escuchar de sus días y sus tiempos.
    Viva el poeta.

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