#30 La muerte de David Foster Wallace (o por qué ciertos detalles contextuales terminaron por aclararse)

Por Antonio Díaz Oliva

Por ese entonces —septiembre del 2008—, cada vez que me metía a Internet, abría automáticamente la página (antigua) de La Vida Retirada. Y fue un sábado por la noche, antes de, creo, ponerme a ver una película, cuando me topé con la noticia: la muerte de David Foster Wallace.

Al principio, claro, no creí lo que veía. No podía ser que se hubiese suicidado. Siempre había asociado (erróneamente) la imagen de DFW con algo profundamente vívido: una persona deportista, lectora, culta, pop, inteligente, irónica, sesuda, pero nunca depresiva. Obviamente no conocía tanto al personaje. O, más bien, no conocía a ese frágil ser humano que se escudaba debajo de esas bandanas.

En ese entonces había leído Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, La niña del pelo raro y la mitad de Extinción. Y no sólo eso: a inicios de ese mismo 2008, gracias a una beca, había estado un mes en Amherst College, la universidad donde DFW cursó sus estudios universitarios y, por ejemplo, tomó una clase creative writing con, sí, el mismísimo Dan Brown, quien también eran alumno de Amherst en ese entonces. Luego, como parte del mismo viaje, recaí fortuitamente en la Universidad de Arizona, la segunda casa universitaria de DFW. Y ahí, todos esos relatos sobre la América profunda que hay en La niña del pelo raro, se me hicieron visibles (especialmente esa joya que viene al final: “Hacia el Oeste, el avance del imperio continúa” que parecía ambientado en Tucson). Todo eso, por supuesto, le agregaba una carga especial a la muerte de DFW. Por eso, ese mismo sábado por la noche, aún perplejo, agarré y terminé Extinción. En uno de sus cuentos (“Otro pionero”), me pareció que estaba la clave: un hombre busca el suicido. Va velozmente en un auto directo a la muerte. Y efectivamente muere. Y dice algo como que la muerte no es tan mala al fin y al cabo. Y, por ahí, en ese momento, me encontré con la frase: “Ciertos detalles contextuales permanecen sin aclarar”, se leía en ese relato.

Creo que ahora, con todos los libros y artículos que han salido sobre DFW, muchos de esos detalles ya no permanecen sin aclarar. Ya sabemos sobre su depresión, su frustración por no poder avanzar en The Pale King (aunque ahora la tengamos en nuestras bibliotecas) y hasta sobre los poemas que escribió cuando era un niño. Y aún más: el dato de que parte de las cenizas de DFW (cortesía de Jonathan Freedom Franzen) están desparramadas en alguna parte de Chile, me parece algo perturbador. Así, cuando me dijeron que La Vida Retirada se acababa, me pareció una mala noticia. Pero mucho ha pasado desde que leí en esta misma página (entonces blog) sobre la muerte del autor de La Broma Infinita. Y así como DFW se retiró hacia algún lugar donde todos —o casi todos— iremos a parar, hay otras cosas que también deben seguir el mismo curso.

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2 Respuestas a “#30 La muerte de David Foster Wallace (o por qué ciertos detalles contextuales terminaron por aclararse)

  1. de por sí, un escritor extraño, no entiendo su éxito

  2. Deborah

    Has cometido un error en tu cita de “Otro pionero”. El cuento efectivamente contiene la frase “Ciertos detalles contextuales permanecen sin aclarar”, pero no trata sobre el suicidio del protagonista sino sobre un niño prodigio nacido en una tribu del paleolítico. El cuento del suicida es el que le sigue, “El neón de siempre” .

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